Cuando traen los cuerpos vencidos
los colocan delicadamente
sobre la arena,
todos los rodean
y buscan
lo que en ellos conocían:
la ligereza de sus pies,
la fuerza en los brazos,
la profundidad de unos ojos.
Palpan y acarician
en busca de lo que fueron,
algo de ellos
que todavía permanezca,
pero ante todo buscan
una huella, un golpe.
Ese golpe
que llena los cuerpos
de tierra.
De “Barro”.


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