I
Me habitan gatos. Se deslizan por el espacio que dejan mis huesos y dejan pelo, rastros, los diminutos bichitos que los habitan. No paran de olfatearlo todo, y por eso a veces me quedo quieto – de repente – o doy un salto mortal. Para afrontar sus bigotillos contra mis pulmones, contra el páncreas o el corazón.
II
No paran de lamer cuanto encuentran. Supongo que porque tienen hambre e intuyen que esto que llevo dentro sabe a vida. Deslizan su lengua por mis huecos en busca de savia o sangre. Así me cicatrizan antes las heridas, aunque eso no les impide volver. A veces, creo que quieren mamar de mi hígado: probar a qué sabe por dentro un hombre.

nunca fui caníbal. no sé a qué saben los hombres por dentro, apenas mordí alguna piel y algún labio. no hay pérdidas. tú no tienes huecos. eres sangre y eres vida y todo lo que recorre los límites de tu cuerpo da hambre. los rastros entre tus huesos y la carne son huellas de un naufragio. deja que sigan ronroneando entre tus dedos y tus pies, deja que acaricien tu piel y sabrás que estás vivo, que sientes y que no necesitas salvavidas.
Pero.