Para Mario
Ustedes piensan que cuando sale una paloma de debajo de mis brazos es porque la tenía bien guardada en algún sitio. Que detrás de todo este aire de sorpresa y magia encontrarán algún secreto. Creen en el truco, que el conejo del sombrero espera paciente bajo un fondo falso. Ustedes creen que todas estas brillantes luces y explosiones son un artificio y nada más.
Pero las palomas que salen de mis mangas están hechas de sangre. Tengo los huesos llenos de plumas. Las costillas amarradas con aros verdes. El esqueleto raído por conejos. El tórax sepultado bajo huellas de pájaros. Ustedes no ven esto. Ríen. Disfrutan del espectáculo, aplauden. Se divierten.
Yo continúo. No hay varita. No hay palabras mágicas. Sólo mis manos y sables. Cada paloma que creo me costará la vida.

Genial, sobre todo, el final.
Hay que jugarse la vida en cada poema.
Un abrazo.
Y tan dea cuerdo, Martín. Decía David Eloy Rodríguez que cada poema debe escribirse como la última carta de un suicida.
Otro abrazo para ti.
Bien por David Eloy!!
Con permiso:
http://descalzoporloscamposdesal.blogspot.com/2009/04/vivir.html
Me has recordado la idea del hechizo, Martín. Ah, el hechizo…
Estas palabras podrían cambiarlo todo.
Ya no se juegan el aire.
Solo piensan en el siguiente verso.
Que se mueran. Ya estoy harto de ellos.
Yo también. Tras escribir eso, creo haber hecho lo correcto. Creo estar más tranquilo, tener un texto al que acudir. No lo sé, más tranquilo. Lo necesitaba.
Recuerda: un mago que cuando acaba el truco y le retiran los sables, sangra.