Entrego ayer el examen de Introducción a la Realización Audiovisual. La profesora lo coge, mira las preguntas que he dejado en el blanco. Yo estoy tranquilo, creo que lo hice bien, y justo cuando voy a irme me pregunta por qué las he dejado en blanco, si (piensa) las sé seguro. Estoy incómodo, le digo que prefiero no arriesgarme a que me baje nota.
La profesora pide a los demás compañeros que vayan entregando y una muchacha lo deja sobre la mesa para luego pedirle por favor que la apruebe. “Evangelina, por favor, apruébame, eres mi esperanza”. Pero no se queda contenta, porque coge una tiza y escribe en la pizarra: Evangelina, ayúdame a aprobar. La profesora tiene razón al decirle que es una actitud muy infantil. Justo entonces recuerdo que ya coincidí con esta chica en la revisión del examen de Historia de la Comunicación Social y también hizo algo parecido. Recojo y me voy antes de hundirme más o decirle cualquier cosa.
Como para confiar en mi generación. Espero, al menos, que no se licencie nunca.





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