Archivos para la Categoría 'Narrativa'

09
Nov
09

La hora azul en el RCA09

Con Mario en el hospital y las ideas bien claras, queríamos recurrir a la épica para construir y al absurdo para destruir. Una espiral de prisas en el que nos arrancaron el tiempo y la suplencia provocaron muchas cosas, así que aquí nos tienen. Aparecemos dos veces en el vídeo: la primera, para la Poépica, con La ciudad invisible. La segunda, en El hombre que contó sus barbas, para la vida de un hombre en dos minutos (de la que la mayoría de las veces me arrepiento muy profundamente).

Todo esto fue en casa de Max, que nos trató como a reyes, y también aparecen en este vídeo María Alcantarilla, Martha Ordaz y She Play Drums. Lo mejor, que gran parte de mis amigos estuvo allí.

03
Nov
09

La ciudad invisible

Es una ciudad. Una ciudad donde no se ven los edificios, ni las carreteras, ni los semáforos, ni los vehículos, ni las azoteas. Nadie allí ve las farolas, los contenedores, los muros, los callejones, porque todo allí es invisible. Porque es una ciudad invisible, donde nada se ve, pero la gente realiza su rutina como si cualquier cosa. El alumbrado allí es un hermoso misterio.

 

Cuando un viajero llega allí, lo único que ve es una explanada y los hombres, las mujeres y los niños desnudos (porque hasta la ropa es invisible allí) haciendo sus vidas: duchándose, montando en autobús, paseando el perro, haciendo el amor o plantando árboles. Cientos y cientos de personas que la transitan. Una ciudad invisible, de viento. Una ciudad donde lo único que se ve son sus habitantes.

21
Oct
09

Píntame

Padre, píntame el mundo en mi cuerpo.

Canto indígena de Dakota del Sur

Hallado en “Espejos”, de Eduardo Galeano

10
Oct
09

El sabio

El hombre más sabio que conocí lo conocí en un bar. Subido a un taburete invisible, agitaba los brazos y sentenciaba: que nada estaba perdido, que atendiéramos a lo verdaderamente importante, que qué importaba más en este mundo que el amor. Que el dinero no servía para nada, que no valía de nada si faltaba la salud. Que el dinero sin salud sólo servía para pagar hospitales.

Decía esto manteniendo la distancia, lleno de vehemencia, mirando a los ojos y consciente de su maldición. Luego se fue. El hombre más sabio que conocí.

17
Sep
09

La función del arte

Eduardo Galeano

De “El libro de los abrazos”

19
Ago
09

El pueblo de pescadores

Érase una vez un pueblo de pescadores. Allí todo ocurría con una belleza y una alegría latentes: amanecía con un cierto color cobrizo, las muchachas traían agua del río cantando, las madres pasaban la pesca por la plancha mientras los niños soñaban con cofres y tesoros, la marea arropaba al atardecer los tobillos y las rodillas de los pescadores.

Toda esta alegría sólo se rompía cada vez que los hombres volvían con sus compañeros derrotados en los brazos, ciegos por la mueca horrorosa de la muerte, o no volvían ya jamás.

Por esto, un día decidieron levantar una estatua sobre la orilla. Era sencilla: apenas una mujer envuelta en un manto que miraba hacia el horizonte azul, algo de tristeza en sus ojos. No obstante, la levantaron justo sobre la orilla para que las olas la fueran bañando y desgastando y, al subir la marea, quedara totalmente sumergida. Alguien dijo una vez que era sólo un intento imposible de acompañar a los ahogados y desaparecidos. De vez en cuando se veía posarse sobre ella alguna gaviota.

05
Ago
09

El abrazo insólito

Una vez soñé que era un asesino. No era un sueño violento y ni siquiera recuerdo el golpe, el acto en sí de matar. Creo que eso era lo menos importante. Todo se reducía a tener a la víctima entre mis brazos; a retenerla, inmóvil y expectante, saber que era yo quien le quitaba el aliento. Era un abrazo extraño, insólito, como una colección de uñas. Casi podía verme en los ojos de la víctima y me veía tranquilo, muy tranquilo. No veía a ningún loco. Más que un asesino, parecía alguien que se hacía cargo de la situación, alguien responsable y que no quería dejarlo solo en ese momento. Le susurraba a la oreja. Le decía: “Tranquilo. Ahora es el golpe. Ahora duele, pero tranquilo. Ya se pasa. ¿Lo ves? Ahora todo se vuelve borroso, negro. Cae el telón”.

27
Abr
09

Contra los ilusionistas

Para Mario

Ustedes piensan que cuando sale una paloma de debajo de mis brazos es porque la tenía bien guardada en algún sitio. Que detrás de todo este aire de sorpresa y magia encontrarán algún secreto. Creen en el truco, que el conejo del sombrero espera paciente bajo un fondo falso. Ustedes creen que todas estas brillantes luces y explosiones son un artificio y nada más.

Pero las palomas que salen de mis mangas están hechas de sangre. Tengo los huesos llenos de plumas. Las costillas amarradas con aros verdes. El esqueleto raído por conejos. El tórax sepultado bajo huellas de pájaros.  Ustedes no ven esto. Ríen. Disfrutan del espectáculo, aplauden. Se divierten.

Yo continúo. No hay varita. No hay palabras mágicas. Sólo mis manos y sables. Cada paloma que creo me costará la vida.

02
Mar
09

Gatos II

III

De noche maúllan a la vez, procuran mantener cierta sintonía. Por eso no puedo dormir y, cuando lo hago, el sueño se transforma en un viaje, o una cacería nocturna, o un viajero que llega a la estación.

IV

Su ira es terrible. Una lluvia final, titánica. Una furia profetizada y hecha carne, o carne deshecha. Hunden sus ganas hasta el fondo, resquebrajan. Juegan a destruir y parece que no acabarán nunca. No hay nada como probar su enfado cuando les parece tener razones suficientes para el dolor. Cuando te arañan por dentro.

 

 

19
Feb
09

Gatos

I

Me habitan gatos. Se deslizan por el espacio que dejan mis huesos y dejan pelo, rastros, los diminutos bichitos que los habitan. No paran de olfatearlo todo, y por eso a veces me quedo quieto – de repente – o doy un salto mortal. Para afrontar sus bigotillos contra mis pulmones, contra el páncreas o el corazón.

II

No paran de lamer cuanto encuentran. Supongo que porque tienen hambre e intuyen que esto que llevo dentro sabe a vida. Deslizan su lengua por mis huecos en busca de savia o sangre. Así me cicatrizan antes las heridas, aunque eso no les impide volver. A veces, creo que quieren mamar de mi hígado: probar a qué sabe por dentro un hombre.





Borja de Diego Lozano
(1988, Sevilla)

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