Archivo para 31 marzo 2009

31
Mar
09

Motivación

¿Qué pretenden en la facultad? Me entregan corregida una entrevista con un 7. Me dicen que fallo en tal, en cual (llamémoslo fallar) y me dicen que por lo demás la redacción es muy correcta. Correcta. Y a los compañeros, a los compañeros idiotas, esa gente idiota y sus titulares sacados de una mala novela de policías y crímenes, esos titulares del programa de Ana Rosa, esa gente, de un 8.5 para arriba. Escribir para esto.

30
Mar
09

El explorador regresa a palacio

Señor mío,
ella hace visibles los hilos del amor.

Ella es hermosa y libre y dulce
y en los días terribles pronuncia
palabras celestes, y con ellas
desviste la penumbra
y la convence de su error.

Ella sabe del hechizo del ámbar
y conoce el nombre secreto de las cosas.
Ella se enreda con las fieras
y les habla de la piel de la tarde.

Señor,
en los bosques donde ella se refugia
relampaguea el misterio,
pervive una luz frágil.

Señor mío, os lo ruego,
ella no debería morir nunca
ni tampoco sufrir ningún daño.

José María Gómez Valero.

De su libro “Travesía encendida”.

28
Mar
09

Te contaré nuestras historias

“¿Estás diciendo que deberíamos haber dejado las cosas como estaban?”.

27
Mar
09

Identidad

Estás en tu propia red como una araña. Desprendes una

mínima energía en cada signo de tu huida.

Estás encerrada en un estímulo sin fin y al otro lado de

tu memoria apenas hay un rumor de vida.

Cuando ya no quede nada, la soledad es más honda que

la ausencia.

 

José Antonio Padilla.

26
Mar
09

Aquella herida abierta

TODO estaba habitado por la luz.

Ni siquiera las sombras de los cuervos

-que partían- manchaban los trigales.

Entonces me distraje. Y ocurrió.

 

Mientras volvía, un hombre -envejecido,

todo el sol en su espalda- me detuvo.

Dijo: “No te preocupes por la herida.

He estado muchos años prisionero.

Antes tan solo había hambre y frío,

¿qué otra cosa podía hacer, si no?

Cargaba con la herida día y noche,

con esa herida abierta y sin final.

Ahora te parece lo más grande

que te ha pasado nunca. Pero pronto

verás que nada dura para siempre.

Como al mirar mi cicatriz recuerdo

aquella herida abierta y no el dolor”.

 

Diego Vaya.

De su libro “El libro del viento”.

23
Mar
09

Deshacer la maleta

Recién llegado del mar, con ropa sucia y fotos que volver a ver. Y unos cuantos pensamientos en la cabeza, como gaviotas tierra adentro. Este fin de semana he vuelto al camino, a las estaciones de servicio, las gasolineras, y las ventas. Hemos rozado las Alpujarras y vuelto a rendir culto a la morcilla, el salchichón. El viernes, de vuelta al camping tras ir a la playa, remontamos un camino a ciegas, una noche sin luna y estuvimos a punto de perdernos. De hecho, tuvimos que salir de una propiedad (privada). Hemos visitado la Isleta del Moro, y san Andrés, y hemos pasado por Las negras. ¿Por qué se llama así? Y hemos dormido en una tienda con una tormenta alrededor. Lulú. Y hemos cocinado a oscuras, y hablado mucho. Y recogido piscos. Y visto un monje. Y escuchado historias de viajeros. Y hecho pirulones. Mis huesos son para ti. Hemos compartido un oleaje inolvidable, y cantado, y reído. De mayor, quiero ser camionero, y pescador, y fotoperiodista, y buzo. Y romperme las costillas de tnato reír. Me traigo el salitre, y unos versos. Los amigos.

17
Mar
09

Socialización

Son las 8:45 de la mañana. Me dirijo hacia la parada del autobús. Tengo que arreglar en Hacienda los papeles de una asociación cultural sin ánimo de lucro en la que participo, lo que de por sí debería ser socialmente interesante y bien visto. La chaqueta, la mochila, todo en orden.

Doblo la esquina y lo veo. El autobús que tengo que coger, a unos cuantos metros, junto a la parada. Echo a correr y empiezo a ir ganando los metros, viendo cómo los últimos pasajeros van subiendo. Antes de cerrar la puerta veo que mira hacia mí, me ha visto. Acelero aún más y veo que emprende la marcha. Llego a llamar a la puerta con los nudillos, veo que vuelve a mirar, pero no para. Me rindo y pienso “se fue” y vuelvo hacia la parada lentamente. Me giro y veo que se va parando. Aquí empieza el absurdo. Veo que vuelve a acelerar. Finalmente, se para. Echo a andar y veo que abre la puerta. Subo.

– Creía que no iba a parar.

El conductor ni me mira. Saco el bonobús.

– Muchas gracias.

– No te acostumbres.

Ahora me ha mirado. Respondo con una sonrisa simpática y un leve “sí” y pico. Da error. Eso ya lo sabía.

– A ver, dámelo.

Se lo doy. Empieza a hablar solo.

– Es la hostia, llega tarde y con un bonobús estropeado.

Aquí pienso: es la hostia. Tu empresa, hace ya cuatro o cinco años, decide quitar el bonobús sin transbordo, dando por hecho que a todos nos apetece comprar la posibilidad de coger varios autobuses en una hora, aunque no vayamos a hacerlo. Luego vuelve a ponerlo, sin dar explicaciones. Es la hostia que tu empresa haya subido sus precios dos veces en los últimos dos años, y que el bonobús mensual que he comprado por 30 euros (5.000 pesetas, la posibilidad de comer dos o tres veces hace diez años, y que en 2008 costaba 28 euros, y antes de eso 24, y lo habéis subido 1.000 pesetas porque habéis querido) se haya estropeado a los dos días.

Me devuelve el bonobús. Decido ser educado, darle las gracias y tirar hacia el fondo. Me agarro a una barra y una señora me indica que el conductor me llama.

-Joven, dice que coja el billete.

¿Qué billete? Si ha visto que tengo el bonobús. Como veo que me sigue llamando, acudo.

-Aféitate.

-¿Qué?

-Y córtate el pelo.

-¿Por qué?

Se ríe. Creo que se hace el simpático. Tal vez se sienta mal por la forma de la que me ha tratado antes. Aunque se le da muy mal. No me hace ni puta gracia.

-Tienes muy malas pintas.

-O no.

-Métete en la mili.

-¿A defender el país?

-Al ejército, al ejército. No, el país no. La patria.

-Hemos perdido tantos valores.

-Totalmente.

Todo esto mientras se ríe. Para en una parada. Sinceramente, no sé qué hacer. Cuando fui teleoperador de ya.com, me dieron lo que llamamos “el curso de marketing”, donde nos indicaban cómo teníamos que tratar con el cliente. A mí, si no trataba al cliente con un respeto máximo y casi divino, aunque mi empresa no parara de desangrarlo, me ponían en la calle en unos pocos segundos. Y este hombre parece que trata con un parquímetro.

-Voy a volver al fondo.

Y ahí lo dejo. Sin afeitarme, sin cortarme el pelo, sin entrar en el ejército. Sin entender de qué va eso de Sevilla, los servicios públicos, España ni la socialización.

Publicado en Sin futuro y sin un duro, puedes leerlo aquí.





Borja de Diego
(1988, Sevilla)

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